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El país en luto: un año del colapso del Jet Set

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La madrugada del 8 de abril de 2025 quedará grabada en la memoria colectiva. Lo que inició como una noche vibrante de música y luces en la discoteca Jet Set se transformó rápidamente en caos. En cuestión de segundos, un estruendo devastador resonó, seguido de polvo y oscuridad, cuando el techo colapsó, sepultando risas y conversaciones bajo toneladas de concreto.

Momento de la tragedia del Jet Set (Foto de Archivo)

Los primeros minutos tras el colapso fueron de confusión total. Gritos de auxilio se entrelazaban con el sonido de sirenas que se acercaban rápidamente. Algunos lograron escapar por sus propios medios, cubiertos de polvo y con miradas perdidas, pero otros quedaron atrapados en un mar de escombros. Mientras esto sucedía, familiares empezaban a llegar, alterados por llamadas desesperadas, sin comprender completamente la magnitud de la tragedia.

En el exterior, el caos se transformó en una vigilia improvisada. La zona se llenó de rostros angustiados y de nombres que resonaban en el aire. Las preguntas se multiplicaban: “¿Lo han visto?”, “¿Está en la lista?”, cada vez más desesperadas y sin respuesta. La incertidumbre se convirtió en una herida colectiva que afectó a todos los presentes.

Con el paso de las horas, el ruido del rescate cedió paso a un silencio contenido. Equipos de rescate trabajaban sin descanso, mientras la esperanza se sostenía con delicadeza. Cada persona rescatada generaba un rayo de alivio; cada cuerpo recuperado, un golpe seco en el corazón de los que esperaban.

Los hospitales comenzaron a recibir a los heridos, mientras afuera, familias formaban filas en busca de noticias. Listas improvisadas y teléfonos que sonaban sin respuesta ampliaban la angustia. La espera se volvió interminable, una experiencia dolorosa que muchos compartieron.

Días después, el dolor se transformó en un proceso desgarrador: el reconocimiento de los fallecidos. Para muchas familias, recuperar los cuerpos significó enfrentar una verdad cruda. Entre trámites, largas horas y la confirmación final, el deceso se convirtió en duelo tangible.

El 10 de abril, la desesperación ya era audible. Con profundo dolor, familias exigieron respuestas más rápidas para poder dar sepultura a sus seres queridos, denunciando la lentitud del proceso y la desigualdad en el trato recibido.

“Es un abuso lo que están haciendo. Desde el martes estamos aquí y todavía no obtenemos respuesta”, expresó Luis, uno de los afectados. El sentimiento de desesperación se extendía entre aquellos que, incluso después de días, seguían esperando.

Las autoridades confirmaron el fin de las labores de rescate el mismo día. El colapso durante una presentación del merenguero Rubby Pérez dejó más de 230 fallecidos y más de 180 sobrevivientes rescatados, entre los cuales se encontraban dos exjugadores de Grandes Ligas, Octavio Dotel y Tony Blanco.

El Centro de Operaciones de Emergencias (COE), bajo la dirección de Juan Manuel Méndez, destacó la colaboración de más de 22 instituciones en las labores de rescate. Simultáneamente, el Gobierno anunció una investigación para determinar las causas del colapso.

A medida que pasaron los días, el lugar del desastre se convirtió en un espacio de memoria. Flores, velas y fotografías comenzaron a ocupar la “zona cero”, donde familias enteras volvían, no para encontrar respuestas, sino para sentir la cercanía de los seres que habían perdido.

Las visitas se convirtieron en un ritual: madres hablando en voz baja, padres en silencio reflexionando sobre el pasado, amigos compartiendo anécdotas entre lágrimas. Cada historia personal representaba una vida interrumpida.

El dolor no se disipó con el tiempo. La angustia persistió en los procesos judiciales, en las interrogantes sin respuesta, y en la sensación de que la vida no volvería a ser la misma. Aquellos que estaban presentes y cubrieron la tragedia llevaban también el peso emocional de lo vivido.

Sin embargo, en medio de la tristeza, emergió la solidaridad. La respuesta solidaria del pueblo dominicano fue un reflejo de unión: donaciones de sangre, cadenas de oración y apoyo a las familias. Fue un abrazo colectivo contra uno de los momentos más oscuros del país.

Hoy, a un año del colapso, el recuerdo está vivo. No solo rememora lo ocurrido, sino también todo lo que sucedió después: la espera, el duelo compartido y la resistencia emocional de una comunidad unida.

Porque el Jet Set ya no es simplemente un lugar. Es una memoria. Es ausencia. Y, sobre todo, es una historia que el país sigue sin concluir de contar.

La tragedia del Jet Set: un año de memoria y duelo

  • El colapso ocurrió el 8 de abril de 2025 durante una celebración.
  • Más de 230 víctimas y más de 180 sobrevivientes.
  • El COE coordinó rescates con más de 22 instituciones.
  • La comunidad mostró solidaridad ante la tragedia.

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