La Encharca (Colombia), 15 ago (EFE).- Seis días después del terremoto de magnitud 7,4, La Encharca, una remota comunidad situada a orillas del río Suruco en el municipio chocoano de Medio San Juan, enfrenta una realidad escalofriante: aquellos que habitan lejos de los centros urbanos están lidiando con las secuelas del sismo en un contexto marcado por la falta de servicios básicos y la presión de grupos armados ilegales.
Según John Freddy Ibarbo Mosquera, líder comunitario de la región, «quedamos en una situación muy difícil», mientras observa las viviendas agrietadas. La comunidad, casi una semana después de la tragedia, continúa sin recibir atención institucional, lo que agrava su situación.
El río es la única vía de acceso a este aislado caserío, que se encuentra sin electricidad, agua potable y conectividad. Además, está rodeado por la densa selva chocoana, en una zona que históricamente ha estado bajo la influencia del Clan del Golfo y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Esta realidad ha condicionado la vida de sus habitantes y ahora dificulta aún más la respuesta a la emergencia.
Las secuelas visibles del terremoto son alarmantes: se observan viviendas con paredes agrietadas, pisos fracturados y estructuras debilitadas por el potente temblor. Esta devastación ha llevado a numerosas familias a abandonar sus hogares mientras esperan una ayuda que aún no ha llegado.
La ayuda que llegó por el río
En las orillas del río, hombres, mujeres y niños trabajan juntos para descargar mercados, agua y medicamentos que han sido transportados en una pequeña embarcación. Esta no es una operación oficial, sino una iniciativa de voluntarios y particulares que decidieron navegar hacia esta zona remota para llevar apoyo a una comunidad que sigue esperando la presencia del Estado.
José Rutilio Rivas, un líder social que acompaña a las comunidades rurales del Medio San Juan, señala que la tragedia ha permanecido prácticamente invisible porque la atención se ha concentrado en las ciudades, dejando a las zonas rurales en el olvido.
«Las comunidades rurales casi nunca se visitan y son las que más impacto sufren en estas situaciones», destaca Rivas. Recalca que la reconstrucción requerirá mucho más que simples ayudas alimentarias, ya que muchas viviendas necesitan cemento, hierro y otros materiales para poder ser habitables nuevamente.
La ausencia del Estado no es una consecuencia del terremoto, sino una realidad con la que estas comunidades han lidiado durante décadas. La emergencia ha evidenciado la falta de servicios básicos, que forma parte de una cotidianidad marcada por el aislamiento, en un municipio donde más del 60 % de la población habita en zonas rurales.
Las heridas invisibles del terremoto
El terremoto también ha dejado secuelas menos perceptibles, como el miedo a nuevas réplicas, que mantiene en estado de alerta a muchas familias que todavía no logran dormir con tranquilidad. Este miedo ha afectado especialmente a los niños, considerados por los líderes comunitarios como la población más vulnerable frente a la emergencia.
Además, médicos voluntarios han llegado hasta La Encharca procedentes de Quibdó, al darse cuenta de que gran parte de la asistencia se concentraba en esa ciudad, capital departamental del Chocó. Esta acción ha permitido llevar medicamentos e insumos básicos a una población que también necesita atención psicológica.
Mauricio Aguilar, uno de los médicos involucrados, explica que «las necesidades más urgentes incluyen agua potable, medicamentos para controlar la fiebre y la diarrea», así como tratamientos para enfermedades crónicas, incluyendo aquellas de pacientes con hipertensión y diabetes que han perdido sus medicamentos tras la emergencia.
En La Encharca, la tragedia no se mide solo por el número de edificios colapsados o la magnitud de los operativos de rescate, sino por las grietas que atraviesan las casas, las noches sin electricidad y el clamor de una comunidad que teme quedar fuera del mapa simplemente por estar lejos de los centros poblados.
Impacto del Terremoto en La Encharca
- La comunidad queda aislada con falta de servicios básicos tras el sismo.
- La respuesta de las autoridades ha sido escasa, enfocándose en ciudades.
- Iniciativas voluntarias están llevando ayuda a través del río.
- Las secuelas emocionales y físicas del terremoto afectan especialmente a los niños.