¡Buenas noches! ¡Good evening! Es un honor especial para mí celebrar mi primera recepción del Día de la Independencia como embajadora en la República Dominicana, y en este histórico 250.º aniversario de los Estados Unidos de América.
Este es un hito histórico que festejamos con alegría junto al pueblo dominicano, una nación que también lucha por la libertad. Estados Unidos y la República Dominicana están unidos no solo por su cercanía geográfica y la amistad, sino por una convicción compartida: la lucha por la libertad vale la pena, incluso a costa de sacrificios a lo largo de las generaciones.
Esta noche, al conmemorar los 250 años de independencia, estos temas resuenan en ambas naciones y no son exclusivos de Estados Unidos; son relevantes para todos los pueblos libres que en algún momento han tenido que elegir entre la comodidad y la valentía. Permítanme compartir con ustedes una historia.
Hace 250 años, en un caluroso salón de Filadelfia, un grupo de patriotas tomó una decisión transformadora. Firmaron un documento que afirmaba, en un lenguaje claro y contundente, que todos los hombres son creados iguales. La libertad no es un regalo, sino un derecho innato otorgado por Dios a cada ser humano, y vale la pena luchar y sacrificar por ella.
Debo mencionar a un hombre en particular entre los firmantes: Charles Carroll, conocido como «Charles Carroll of Carrollton». Este hombre era el más acaudalado de las colonias americanas, con riquezas que hoy se compararían con las más grandes del mundo. Sin embargo, su riqueza no era su única distinción; era también el único católico entre los firmantes de la Declaración de Independencia.
En la América colonial, los católicos enfrentaban profundas restricciones legales y sociales. Eran vistos con recelo y se les negaban ciertos derechos. Para Carroll, firmar la declaración no fue solo un acto político; fue una declaración de fe, en la que creía que su nueva nación sería un lugar donde la religión no determinaría los límites de su libertad.
Recuerden un momento que se quedó grabado en la historia: mientras la Declaración se firmaba, alguien comentó que los británicos no podrían castigar a ninguno de los firmantes, ya que había demasiados nombres. Carroll, escuchando esto, se acercó a la mesa y firmó, no solo su nombre, sino también su dirección. Charles Carroll of Carrollton. De esta forma, la Corona sabría exactamente quién era y dónde encontrarlo.
Estaba arriesgando todo: su fortuna, su libertad y su vida, especialmente como católico en una sociedad que mostraba recelo hacia su fe. A pesar de esto, firmó públicamente, demostrando su integridad y valentía frente al riesgo. La historia nos enseña que la libertad nunca ha sido conquistada por quienes no tenían nada que perder. Ha sido ganada por aquellos que, teniendo mucho que perder, eligen seguir adelante.
Los fundadores de nuestra nación no eran estatuas de mármol; eran personas con familias y futuros en juego. Cada firma en la Declaración era una posible sentencia de muerte, pero aun así, firmaron. Este legado que celebramos esta noche no se centra en una nación o en un conjunto de leyes, sino en una elección intensa y consciente. Una elección que afirma que la libertad vale más que cualquier pérdida personal.
La historia de la libertad está llena de nombres no registrados. Las contribuciones a esta causa son innumerables, pero se suman para construir la arquitectura de una sociedad libre. La libertad que disfrutamos hoy no fue obra de unos pocos; es resultado de actos silenciosos de valentía y sacrificios que han realizado muchas personas a lo largo del tiempo.
Un pilar esencial de la libertad, que fue crucial en 1776 y lo sigue siendo hoy, es la libertad de expresión. Los fundadores sabían que esta libertad no puede existir en el silencio. Las discusiones públicas y los debates fueron fundamentales para la Revolución Americana, ya que las ideas expresadas con libertad transformaron reclamaciones en acciones y acciones en nuestra nación.
En este 250.º aniversario, recordamos que la Constitución no se redactó para limitar a los ciudadanos, sino para restringir al Estado. La libertad de expresión es vital, ya que permite que un pueblo libre dialogue y exija responsabilidad a los que están en el poder.
Cuando se silencia la expresión, la libertad comienza a desvanecerse, primero de forma sutil y luego de manera abrupta. Dos siglos y medio después, la defensa de la libertad de expresión sigue siendo una de las contribuciones más importantes a esta causa. Hace unos años, nuestro propio presidente enfrentó intentos de silenciarlo a través de batallas judiciales y amenazas. Sin embargo, nunca se rindió.
La realidad es que la libertad de expresión no siempre es cómoda ni popular, pero es necesaria. Una sociedad libre es aquella que permite expresar opiniones y verdades, especialmente cuando son incómodas. Así que, al celebrar este logro extraordinario, les planteo un reto: ¿Qué exige de ustedes el ideal de la libertad?
Quizás les pida que hablen cuando sea más fácil callar. Quizás les exija firmeza cuando quedarse sentado parezca la opción más segura. A veces, la contribución más valiosa se da en silencio, sin ser registrada por la historia. Carroll no necesitaba incluir su dirección; podría haber firmado sin aclarar su identidad.
Sin embargo, eligió la claridad y la integridad, asumiendo un enorme riesgo personal. Este espíritu, conocido como The Spirit of 1776, trasciende épocas y generaciones, perteneciendo a todos aquellos que eligen la libertad por encima de la comodidad y la verdad por encima del cóncavo.
Hoy, recordemos las palabras grabadas en el escudo de la bandera dominicana y que resuenan en los corazones de todos los amantes de la libertad: Dios, Patria y Libertad. Que estas palabras nos guíen en la certeza de que, fundamentadas en valores cristianos, nuestras naciones son un testimonio de lo que los pueblos libres pueden construir juntos.
Un agradecimiento especial a los talentosos artistas dominicanos que han interpretado nuestros himnos nacionales esta noche. Compartir sus voces con el mundo requiere una cantidad diferente de valentía. Las voces y talentos que hemos escuchado reflejan la verdad, la belleza y la bondad del arte.
Un agradecimiento también a mis compañeros de la Embajada de Estados Unidos y a todos los que trabajaron arduamente para que nuestra celebración estuviera a la altura de nuestros 250 años de libertad.
Para concluir, deseo que todos encontremos en nuestras vidas la valentía de Charles Carroll of Carrollton. Que podamos firmar nuestras declaraciones de libertad con valentía. Muchísimas gracias a todos por estar aquí esta noche. ¡Que Dios bendiga a la República Dominicana y a los Estados Unidos de América!
Reflexiones sobre el 250.º Aniversario de la Independencia de EE.UU.
- La conexión entre Estados Unidos y la República Dominicana se basa en la lucha compartida por la libertad.
- Charles Carroll simboliza el sacrificio personal necesario para defender la libertad.
- La libertad de expresión es fundamental para la democracia y el progreso social.
- Cada generación debe cuestionar qué está dispuesta a perder por la libertad.